10 oct. 2013

Historias reales …

El martes por la noche casi a las 11:57 de la noche recibo una llamada al móvil, una voz masculina que me dice: “hola me llamo Alberto, tengo 70 años y la semana pasada se murió mi hermana con 81 años, estoy destrozado y no sé qué hacer…”

Ni que decir tiene, que se me pusieron los vellos como escarpias, mientras mi cuerpo temblaba  ante tanto dolor como me transmitía esta persona.

¿Qué le puedes decir ante semejante desconsuelo? ¿Qué podría aliviarle su congoja? Hacerle más llevadera su tristeza y su perdida, esa soledad que le ha quedado como compañera.

Le conté un cuento:

“Cuentan que había una vez un señor que padecía lo peor que le puede pasar a un ser humano, su hijo pequeño había muerto.

Desde la muerte y durante años se acostaba en la noche y no podía dormir.

Solamente lloraba y lloraba hasta que amanecía.

Un día, cuenta el cuento, aparece un ángel en su sueño y le dice:

-Basta ya....Debes seguir sin él.

-Es que no puedo soportar la idea de no verlo nunca más-dice el hombre.

El ángel se apiada y propone:

-¿Lo quieres ver?

Y entonces, sin esperar su respuesta, lo agarra de la mano y lo sube al cielo.

-Ahora lo veremos. Mira-le ordena el ángel mientras señala con su dedo la blanca esquina, al final del empedrado de oro macizo.

Por la acera empiezan a pasar un montón de chicos, vestidos como angelitos, con alitas blancas y una vela encendida entre las manos. Niños y niñas con rostro angelical desfilan frente a ellos, con indescriptibles expresiones de paz en sus caritas rosadas.

-¿Quiénes son?-pregunta el hombre.

Y el ángel le responde:

-Estos son los chicos que han muerto en estos años...Todos los días hacen este paseo para nosotros. Son tan puros que su solo paso limpia de toda suciedad los cielos enteros.

-Y mi hijo... ¿está entre ellos?-pregunta el recién llegado.

-Sí, ahora lo vas a ver.

Y pasan cientos y cientos.

-Ahí viene-avisa el ángel.

Y el hombre lo ve aparecer. Esta radiante, bellísimo, lleno de vida, exactamente como él lo recordaba.

Sin embargo hay algo que lo conmueve. Entre todos, su hijo es el único que lleva su vela apagada........

Mientras el padre se contacta con una enorme pena por su hijo, el chico lo ve, viene corriendo hacia él y lo abraza.

El hombre también lo abraza con fuerza y no puede evitar hacerle la pregunta que tanto le angustia en ese momento.

-Hijo, ¿por qué no tienes luz?, ¿no encienden tu vela como a los demás?

-Sí, claro que sí, papa, cada mañana encienden mi vela como hacen con todos los demás. Pero ¿sabes lo que pasa? Que cada noche tus lágrimas apagan la mía.

El niño seco con sus manitas las mejillas de su padre y le rogo:

-Deja de llorarme papa...deja de llorar.

El camino de las lágrimas

Jorge Bucay”

Alberto, que cada mañana tu sonrisa sea la que encienda la velita de tu hermana, que tu recuerdo de ella te acompañe, no tengas miedo a olvidarla, porque no es olvido, sino simplemente se difumina su presencia, dejan de ser seres corpóreos para convertirse en etéreos.

Intenta vivir por ella y por ti mismo, porque hay una gran realidad, que sigues aquí, en este mundo terrenal.  Puedes vivirlo desde la resignación o desde la aceptación.

Resignarte a vivir solo, sin tu amiga, cómplice y compañera de juegos, sumido en un dolor, una amargura y un abatimiento supino,  optar por llorarla cada día y hacerla sufrir por ti. O vivirlo en positivo, simplemente  aceptar esta etapa, donde su ausencia es una realidad,  saber que cuando dios te llame a su vera, ese Ángel tan maravilloso que me describiste, te esperará para darte la mano y pasear por el otro lado.

Mientras, intenta vivir, que con 70 años con la vitalidad, la energía y ese corazón tan grande que percibo en ti, aún tiene y tendrá muchas razones por las que latir y llorar, pero esta vez de felicidad.

Ser un tarotista no siempre significa echar cartas, también eres el oyente silente de muchas realidades y verdades que desgraciadamente, por la gran incomunicación en la que vivimos, personas como este señor, necesita alguien que le de calor, le reconforte y sobre todo una esperanza de que entre el cielo y la tierra hay algo más.

Yo te pido, que intentes prender velitas a tus seres cercanos, no hace falta que estén muertos, incluso los vivos necesitamos encender una llama de luz y esperanza.

Siembra paz, amor, Fe, ilusión, da tu tiempo, tu compañía y trata de reconfortar a estas personas que ven la vida con gafas de luto, y quizás con una simple sonrisa, vean el inicio de un gris, para ir llenando su vida de colores, hasta completar su horizonte con  miles de arcoíris.

@Cristina Marley