Cristina Marley | Astrología, Tarot, Limpiezas Energéticas, Decretos y Desarrollo Personal

9 jul 2026

Cuando un líder deja de escuchar al tiempo Alberto Núñez Feijóo ante el examen de Saturno, Plutón y los eclipses



Alberto Núñez Feijóo ante el examen de Saturno, Plutón y los eclipses

 «Los eclipses no cambian la Historia; iluminan


el instante en que la Historia empieza a cambiar.»

 — Cristina Marley

En política, las grandes transformaciones rara vez se producen de un día para otro. Durante meses, e incluso años, se acumulan pequeñas tensiones hasta que llega un momento en el que el equilibrio deja de sostenerse.

 La mayoría de las personas solo percibe el cambio cuando este ya se ha producido. La astrología intenta comprenderlo mucho antes.

 No predice quién gana unas elecciones ni quién abandona un liderazgo. 

Estudia los ciclos que atraviesa una persona y el momento en que la presión comienza a transformar su manera de ejercer el poder. Y ese es, precisamente, el proceso que, desde hace tiempo, observo en la carta de Alberto Núñez Feijóo 

Cuando estudiamos la carta de un dirigente político conviene recordar una idea fundamental: la astrología no determina las decisiones de una persona.

 Lo que hace es describir el clima simbólico en el que esas decisiones se toman. 

Hay periodos en los que el cielo favorece la construcción paciente de un proyecto. Otros, en cambio, incrementan la sensación de urgencia, elevan la presión y obligan a gestionar un nivel de exigencia muy superior al habitual.

 En mi opinión, Alberto Núñez Feijóo atraviesa uno de esos momentos.

 No observo un ciclo propicio para consolidar un liderazgo desde la serenidad.

 Al contrario. La combinación de los principales tránsitos dibuja un escenario en el que cada decisión pesa más, cada error tiene mayor repercusión y el margen para rectificar se estrecha.

   Cuando esto sucede, aparece un fenómeno bien conocido en estrategia política: el liderazgo deja de anticiparse a los acontecimientos y comienza a reaccionar ante ellos.

Al principio el cambio es casi imperceptible. Ya no se marca el ritmo del debate; se responde a él. Las propuestas dejan paso a la necesidad constante de contestar al adversario y el relato propio empieza a diluirse entre titulares, réplicas y contrarréplicas.

Desde el punto de vista simbólico, Saturno plantea una pregunta incómoda: 

      ¿la autoridad que sostiene un liderazgo sigue apoyándose en un proyecto sólido o empieza a depender únicamente de resistir un día más?

 Esa diferencia resulta decisiva. 

Porque un liderazgo puede soportar la crítica.

 Lo que difícilmente resiste durante mucho tiempo es la pérdida de iniciativa.

La mayoría imagina el desgaste político como una gran crisis visible. Sin embargo, casi nunca comienza así.

 Empieza de forma mucho más discreta. 

Primero aparecen pequeños cambios de estrategia.

 Después aumenta la necesidad de responder a cada movimiento del adversario.

 Más tarde llegan mensajes cada vez más contundentes, anuncios que buscan recuperar la iniciativa y una creciente sensación de que el tiempo corre demasiado deprisa.

 No afirmo que ese proceso conduzca necesariamente al relevo de un líder.

 Lo que sí muestra el simbolismo astrológico es que estos ciclos favorecen decisiones tomadas bajo una presión extraordinaria. Y cuando la presión aumenta, también lo hace el riesgo de confundir velocidad con estrategia. 

Aquí aparece una idea esencial.

 La política necesita comunicación. 

Pero ningún proyecto puede sostenerse únicamente sobre la comunicación. 

Cuando el relato ocupa el lugar de la estrategia, el liderazgo entra en una fase especialmente delicada. La comunicación puede ganar una jornada; la estrategia decide una legislatura.

 Y, a mi juicio, esa tensión entre el corto y el largo plazo es una de las claves que mejor describe el momento que atraviesa Alberto Núñez Feijóo.

Existe un momento especialmente delicado en la vida de cualquier organización.

 No llega cuando la oposición critica ni cuando aparecen los primeros ataques desde fuera. Llega cuando las preguntas empiezan a formularse dentro. 

La historia política demuestra que los grandes relevos de liderazgo rara vez nacen únicamente por la presión del adversario. Suelen comenzar cuando quienes forman parte del propio proyecto empiezan a preguntarse si la persona que lo dirige sigue siendo la adecuada para conducir la siguiente etapa.

 Desde la astrología, este tipo de procesos resulta especialmente interesante porque Saturno no solo examina al líder. También pone a prueba la solidez de la estructura que lo sostiene.

 En esos momentos, el verdadero desafío deja de ser convencer al electorado. Pasa a ser conservar la confianza de quienes hasta entonces caminaban a su lado.

  Y esa diferencia es enorme. Un dirigente puede resistir durante mucho tiempo la crítica de sus adversarios. Lo que resulta mucho más difícil es sostener un liderazgo cuando las dudas comienzan a aparecer dentro de su propio espacio político.

 La astrología no afirma que ese desenlace sea inevitable. Lo que sí refleja es un ciclo en el que la cohesión interna adquiere una importancia extraordinaria. 

Ya no basta con la experiencia, la capacidad de trabajo o la habilidad comunicativa.

 Empieza a ser imprescindible transmitir seguridad, dirección y confianza. 

Y esas son, precisamente, las cualidades que Saturno pone a examen. 

Existe una idea que se repite una y otra vez en la historia del poder.

 Hay líderes derrotados por sus adversarios.

 Otros sucumben ante las circunstancias. 

Pero los más difíciles de reconocer son aquellos que comienzan a derrotarse a sí mismos.

 Desde el punto de vista simbólico, ese es el gran riesgo que refleja este ciclo. No observo una carta que hable principalmente de un enemigo exterior.

 Observo un periodo en el que el mayor desafío consiste en no convertirse en el principal adversario de uno mismo.

Cuando la presión aumenta, también crece la tentación de acelerar los tiempos, responder a todos los frentes abiertos, recuperar la iniciativa mediante movimientos cada vez más arriesgados o actuar como si cada decisión fuera definitiva.

 Sin embargo, Saturno enseña exactamente lo contrario. Los liderazgos sólidos no se construyen reaccionando a cada estímulo.

 Se consolidan cuando son capaces de mantener el rumbo incluso en medio de la tormenta. 

Porque, en ocasiones, un líder no pierde el poder por la fuerza de quienes se oponen a él. 

Lo pierde cuando deja de confiar en sus propios tiempos y empieza a actuar únicamente desde la urgencia. 

Ese es el instante en que el mayor adversario deja de estar enfrente. Empieza a estar dentro de uno mismo.

Llevo muchos años observando la carta de Alberto Núñez Feijóo. 

No porque la astrología permita adivinar el futuro, sino porque, desde que el eje de los eclipses comenzó a aproximarse a su Sol y a su Ascendente, tuve la impresión de que se abría uno de los periodos más delicados de su liderazgo. 

Con el paso de los meses esa impresión no se ha debilitado. Al contrario. 

Los eclipses no crean los acontecimientos. Los aceleran. Sacan a la luz procesos que llevaban tiempo gestándose y hacen visible aquello que hasta entonces permanecía en un segundo plano.

 Por eso, cuando un eclipse activa el Sol natal, la cuestión no suele ser si una persona conservará un cargo. 

La verdadera pregunta es otra.

¿La forma en que ejerce su autoridad sigue respondiendo al tiempo que le ha tocado vivir? 

El Sol representa la identidad, la autoridad y la capacidad de dirigir.

 El Ascendente muestra cómo esa autoridad se proyecta hacia el mundo y cómo es percibida por los demás.

Cuando ambos quedan implicados por el eje de los eclipses, el simbolismo adquiere una intensidad extraordinaria.

 Y cuando esa activación procede del Nodo Sur, el mensaje resulta aún más elocuente. 

El Nodo Sur no simboliza un castigo. Tampoco una derrota.Representa el final de un ciclo. Nos enfrenta a aquello que ha cumplido su función y nos obliga a preguntarnos si seguimos intentando resolver los desafíos del presente con respuestas que pertenecen al pasado. 

Cuando esa dinámica coincide con la acción de Saturno, Plutón, las progresiones secundarias y el Arco Solar sobre los mismos puntos de una carta, el astrólogo deja de observar un tránsito aislado para contemplar un auténtico cambio de ciclo.

 Y cuando varias técnicas convergen sobre el mismo periodo, la experiencia me ha enseñado que merece la pena prestar atención.

Mi conclusión:

Después de estudiar la carta de Alberto Núñez Feijóo desde diferentes técnicas —carta natal, tránsitos, progresiones secundarias, Arco Solar, Revolución Solar y, especialmente, la activación del Sol y del Ascendente por el eje de los eclipses— mi impresión es clara.

No observo un ciclo de consolidación, sino de definición.

Hay momentos en los que un líder encuentra el viento a favor y consigue ampliar su proyecto casi de forma natural. Este no me parece uno de ellos.

El cielo describe una etapa en la que aumenta la presión, se acelera el desgaste y cada decisión adquiere un peso extraordinario. Cuando Saturno examina la autoridad, Plutón transforma las estructuras del poder y el Nodo Sur eclipsa los símbolos del liderazgo, rara vez todo continúa exactamente igual.

Por eso llevo muchos meses sosteniendo la misma hipótesis. Mi impresión es que Alberto Núñez Feijóo atraviesa el periodo más delicado de su liderazgo desde que asumió la presidencia nacional del Partido Popular.

Si la dinámica que muestran los ciclos astrológicos continúa desarrollándose como hasta ahora, considero posible que antes del eclipse de febrero de 2027 asistamos a un cambio significativo en su posición política, ya sea mediante una pérdida de liderazgo interno, una redefinición de su papel o un relevo al frente del proyecto.

Naturalmente, será la realidad quien confirme o desmienta esta interpretación.

Pero la astrología tiene una virtud extraordinaria.

Nos enseña que los grandes cambios rara vez llegan por sorpresa.

Primero cambian los ciclos.

Después cambian las personas.

Y, finalmente, cambia la Historia.

Porque el tiempo nunca avisa con palabras.

Lo hace a través de los ciclos.

Y la astrología, quizá, no sea otra cosa que el arte de aprender a escucharlos.

Cristina Marley
 Astróloga · Tarotista · Escritora · Divulgadora

Especializada en astrología aplicada, simbolismo, tarot evolutivo y el arte del timing.



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30 jun 2026

La Muerte en el Tarot: el umbral que todos cruzamos “No hay toma de conciencia sin dolor.” Carl Gustav Jung

 


Hay días que no olvidamos nunca.

El primer día de colegio. El nacimiento de un hijo. La pérdida de un ser querido. Una separación inesperada. Un cambio de trabajo. Una enfermedad. Una mudanza. Una llamada que cambió nuestra vida para siempre.

Curiosamente, muchos de esos acontecimientos apenas ocuparon unos minutos. Sin embargo, marcaron un antes y un después. Porque aquel día no solo cambió nuestra realidad; cambió la persona que éramos.

No morimos aquel día.

Pero tampoco seguimos siendo los mismos.

Quizá esa sea la mejor manera de comprender una de las cartas más temidas del Tarot: La Muerte.

Durante siglos, este Arcano ha sido interpretado literalmente, despertando temor incluso entre quienes conocen poco el Tarot. Algo parecido ha ocurrido en Astrología con la Casa VIII, conocida tradicionalmente como “la casa de la muerte”. Sin embargo, cuando observamos ambos símbolos con una mirada más amplia, descubrimos que hablan mucho menos del final de la vida y mucho más de la transformación de la existencia.

Porque la muerte física dura un instante.

La transformación puede acompañarnos toda una vida.

Todos atravesamos umbrales

Si te detienes un momento a pensar, descubrirás que has vivido muchas “muertes” antes de llegar a este momento.

Murió el niño para que naciera el adolescente.

Murió el adolescente para convertirse en adulto.

Murieron amistades, proyectos, ilusiones y formas de entender el mundo.

Quizá murió una profesión para que apareciera una vocación.

Quizá murió una relación para que aprendieras a amarte de otra manera.

Quizá murió una antigua versión de ti para dejar espacio a la persona que eres hoy.

Seguimos respirando.

Seguimos caminando.

Pero sabemos que algo cambió profundamente.

Eso es un umbral.

Y, en mi opinión, ahí comienza el verdadero lenguaje del Tarot.


El lenguaje de los símbolos

El psiquiatra Carl Gustav Jung dedicó buena parte de su vida a estudiar los símbolos y los arquetipos, esas imágenes universales que aparecen en todas las culturas porque expresan experiencias comunes a todos los seres humanos.

Quizá por eso el Tarot sigue emocionándonos después de tantos siglos.

Porque sus imágenes no hablan únicamente de acontecimientos.

Hablan de nosotros.

Cada Arcano representa una experiencia profundamente humana.

Cada carta nos muestra una etapa del camino.

Cada símbolo nos formula una pregunta.

La Muerte no pregunta quién va a morir.

Pregunta algo mucho más profundo:

¿Qué parte de ti necesita terminar para que otra pueda comenzar?

El gran malentendido

Cuando esta carta aparece en una consulta, muchas personas sienten miedo.

Es comprensible.

Su nombre y su iconografía impresionan.

Pero pensemos por un momento.

Si el Tarot quisiera hablarnos únicamente de la muerte física, ¿por qué dedicaría todo un Arcano a un acontecimiento que sucede una sola vez?

¿No resulta más coherente pensar que intenta explicarnos los innumerables finales que vivimos antes de llegar al último?

Desde esta perspectiva, La Muerte deja de ser una amenaza.

Se convierte en un Portal.

El Portal que nos invita a abandonar aquello que ya ha cumplido su función para permitir el nacimiento de algo nuevo.

¿Y qué ocurre con la Casa VIII?

En Astrología encontramos una situación muy parecida.

La Casa VIII ha sido reducida durante mucho tiempo a la idea de muerte, cuando en realidad describe un territorio mucho más amplio.

Habla de transformación, de regeneración, de intimidad, de recursos compartidos, de pérdidas, de herencias, de grandes crisis y, sobre todo, de nuestra extraordinaria capacidad para renacer.

La carta de La Muerte y la Casa VIII no significan lo mismo.

Sería un error afirmarlo.

Hablan lenguajes diferentes.

El Tarot trabaja mediante Arcanos que aparecen en una lectura.

La Astrología estudia el potencial de una carta natal y los ciclos que activan determinadas áreas de nuestra vida.

Pero ambos parecen coincidir en una idea esencial.

No evolucionamos acumulando experiencias.

Evolucionamos dejando atrás aquello que ya no somos.

Los Portales del Tarot

La gran investigadora del Tarot Rachel Pollack propuso una idea que siempre me ha parecido fascinante: algunas cartas actúan como auténticos umbrales de conciencia.

No describen únicamente una situación.

Invitan a atravesarla.

Esa reflexión me llevó a hacerme una pregunta que, con el tiempo, ha transformado completamente mi manera de entender el Tarot.

¿Y si los Arcanos no fueran únicamente cartas?

¿Y si fueran Portales?

Quizá La Muerte sea el primero que reconocemos.

Pero no está sola.

El Colgado nos enseña el Portal de la espera consciente.

La Torre nos obliga a derribar aquello que ya no puede sostenerse.

El Juicio representa el despertar.

El Mundo simboliza la integración.

Y los Arcanos Menores continúan ese mismo viaje en la vida cotidiana.

El Ocho de Copas habla del valor de marcharse.

El Seis de Espadas nos acompaña durante las transiciones.

El Diez de Espadas nos recuerda que algunos finales son necesarios para volver a empezar.

El Tarot deja entonces de ser una colección de significados para convertirse en un mapa del crecimiento humano.



La verdadera magia

El escritor y cineasta Alejandro Jodorowsky defendía que el símbolo podía convertirse en una fuerza transformadora cuando la persona trabajaba conscientemente con él.

Durante años esa idea me acompañó en mis consultas y en mi práctica personal.

Con el tiempo comprendí que quería dar un paso más.

Así nació una forma de trabajo que hoy llamo Magia Cocreadora.

No entiendo la magia como algo que desafía las leyes de la naturaleza.

La entiendo como la capacidad de colaborar conscientemente con nuestra propia transformación.

Cuando contemplamos un Arcano, meditamos sobre él, comprendemos su simbolismo y decidimos vivirlo, comienza un proceso profundo.

Primero cambia nuestra mirada.

Después cambian nuestras emociones.

Más tarde cambian nuestras decisiones.

Y finalmente cambia la forma en que nos relacionamos con el mundo.

Las cartas no hacen el trabajo por nosotros.

Somos nosotros quienes, inspirados por el símbolo, comenzamos a recorrer un camino diferente.

Quizá esa sea la auténtica magia del Tarot.

No decirnos lo que ocurrirá mañana.

Sino ayudarnos a convertirnos en la persona capaz de crear un mañana diferente.

Una invitación

Mientras escribía este artículo comprendí que no quería limitarme a explicar el significado de las cartas.

Quiero recorrerlas.

Habitarlas.

Atravesarlas.

Por eso hoy nace un nuevo proyecto que me ilusiona profundamente: Los Portales del Tarot.

Durante los próximos meses compartiré una serie de artículos en los que cada Arcano dialogará con la psicología, la Astrología, los Arcanos Menores, la meditación y la experiencia cotidiana.

Y, si este camino despierta vuestro interés, dará paso a encuentros, clases y una formación donde aprenderemos a vivir el Tarot desde una perspectiva profundamente humana y transformadora.

No será un curso para memorizar significados.

Será una invitación a cruzar cada Portal con conciencia.

Porque quizá el Tarot nunca pretendió decirnos quién seríamos en el futuro.

Quizá siempre quiso recordarnos quién podemos llegar a ser si nos atrevemos a atravesar el siguiente umbral.

¿Te animas a cruzarlo conmigo?

Cristina Marley 2026

 

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