Hay días que no olvidamos nunca.
El primer día de colegio. El nacimiento de un hijo. La pérdida de
un ser querido. Una separación inesperada. Un cambio de trabajo. Una
enfermedad. Una mudanza. Una llamada que cambió nuestra vida para siempre.
Curiosamente, muchos de esos acontecimientos apenas ocuparon unos
minutos. Sin embargo, marcaron un antes y un después. Porque aquel día no solo
cambió nuestra realidad; cambió la persona que éramos.
No morimos aquel día.
Pero tampoco seguimos siendo los mismos.
Quizá esa sea la mejor manera de comprender una de las cartas más
temidas del Tarot: La Muerte.
Durante siglos, este Arcano ha sido interpretado literalmente,
despertando temor incluso entre quienes conocen poco el Tarot. Algo parecido ha
ocurrido en Astrología con la Casa VIII, conocida tradicionalmente como “la
casa de la muerte”. Sin embargo, cuando observamos ambos símbolos con una
mirada más amplia, descubrimos que hablan mucho menos del final de la vida y
mucho más de la transformación de la existencia.
Porque la muerte física dura un instante.
La transformación puede acompañarnos toda una vida.
Todos
atravesamos umbrales
Si te detienes un momento a pensar, descubrirás que has vivido
muchas “muertes” antes de llegar a este momento.
Murió el niño para que naciera el adolescente.
Murió el adolescente para convertirse en adulto.
Murieron amistades, proyectos, ilusiones y formas de entender el
mundo.
Quizá murió una profesión para que apareciera una vocación.
Quizá murió una relación para que aprendieras a amarte de otra
manera.
Quizá murió una antigua versión de ti para dejar espacio a la
persona que eres hoy.
Seguimos respirando.
Seguimos caminando.
Pero sabemos que algo cambió profundamente.
Eso es un umbral.
Y, en mi opinión, ahí comienza el verdadero lenguaje del Tarot.
El lenguaje de los símbolos
El psiquiatra Carl Gustav Jung dedicó buena parte de su vida a
estudiar los símbolos y los arquetipos, esas imágenes universales que aparecen
en todas las culturas porque expresan experiencias comunes a todos los seres
humanos.
Quizá por eso el Tarot sigue emocionándonos después de tantos
siglos.
Porque sus imágenes no hablan únicamente de acontecimientos.
Hablan de nosotros.
Cada Arcano representa una experiencia profundamente humana.
Cada carta nos muestra una etapa del camino.
Cada símbolo nos formula una pregunta.
La Muerte no pregunta quién va a morir.
Pregunta algo mucho más profundo:
¿Qué
parte de ti necesita terminar para que otra pueda comenzar?
El
gran malentendido
Cuando esta carta aparece en una consulta, muchas personas sienten
miedo.
Es comprensible.
Su nombre y su iconografía impresionan.
Pero pensemos por un momento.
Si el Tarot quisiera hablarnos únicamente de la muerte física,
¿por qué dedicaría todo un Arcano a un acontecimiento que sucede una sola vez?
¿No resulta más coherente pensar que intenta explicarnos los
innumerables finales que vivimos antes de llegar al último?
Desde esta perspectiva, La Muerte deja de ser una amenaza.
Se convierte en un Portal.
El Portal que nos invita a abandonar aquello que ya ha cumplido su
función para permitir el nacimiento de algo nuevo.
¿Y
qué ocurre con la Casa VIII?
En Astrología encontramos una situación muy parecida.
La Casa VIII ha sido reducida durante mucho tiempo a la idea de
muerte, cuando en realidad describe un territorio mucho más amplio.
Habla de transformación, de regeneración, de intimidad, de
recursos compartidos, de pérdidas, de herencias, de grandes crisis y, sobre
todo, de nuestra extraordinaria capacidad para renacer.
La carta de La Muerte y la Casa VIII no significan lo mismo.
Sería un error afirmarlo.
Hablan lenguajes diferentes.
El Tarot trabaja mediante Arcanos que aparecen en una lectura.
La Astrología estudia el potencial de una carta natal y los ciclos
que activan determinadas áreas de nuestra vida.
Pero ambos parecen coincidir en una idea esencial.
No evolucionamos acumulando experiencias.
Evolucionamos dejando atrás aquello que ya no somos.
Los
Portales del Tarot
La gran investigadora del Tarot Rachel Pollack propuso una idea
que siempre me ha parecido fascinante: algunas cartas actúan como auténticos
umbrales de conciencia.
No describen únicamente una situación.
Invitan a atravesarla.
Esa reflexión me llevó a hacerme una pregunta que, con el tiempo,
ha transformado completamente mi manera de entender el Tarot.
¿Y si los Arcanos no fueran únicamente cartas?
¿Y si fueran Portales?
Quizá La Muerte sea el primero que reconocemos.
Pero no está sola.
El Colgado nos enseña el Portal de la espera consciente.
La Torre nos obliga a derribar aquello que ya no puede sostenerse.
El Juicio representa el despertar.
El Mundo simboliza la integración.
Y los Arcanos Menores continúan ese mismo viaje en la vida
cotidiana.
El Ocho de Copas habla del valor de marcharse.
El Seis de Espadas nos acompaña durante las transiciones.
El Diez de Espadas nos recuerda que algunos finales son necesarios
para volver a empezar.
La
verdadera magia
El escritor y cineasta Alejandro Jodorowsky defendía que el
símbolo podía convertirse en una fuerza transformadora cuando la persona
trabajaba conscientemente con él.
Durante años esa idea me acompañó en mis consultas y en mi
práctica personal.
Con el tiempo comprendí que quería dar un paso más.
Así nació una forma de trabajo que hoy llamo Magia Cocreadora.
No entiendo la magia como algo que desafía las leyes de la
naturaleza.
La entiendo como la capacidad de colaborar conscientemente con
nuestra propia transformación.
Cuando contemplamos un Arcano, meditamos sobre él, comprendemos su
simbolismo y decidimos vivirlo, comienza un proceso profundo.
Primero cambia nuestra mirada.
Después cambian nuestras emociones.
Más tarde cambian nuestras decisiones.
Y finalmente cambia la forma en que nos relacionamos con el mundo.
Las cartas no hacen el trabajo por nosotros.
Somos nosotros quienes, inspirados por el símbolo, comenzamos a
recorrer un camino diferente.
Quizá esa sea la auténtica magia del Tarot.
No decirnos lo que ocurrirá mañana.
Sino ayudarnos a convertirnos en la persona capaz de crear un
mañana diferente.
Una
invitación
Mientras escribía este artículo comprendí que no quería limitarme
a explicar el significado de las cartas.
Quiero recorrerlas.
Habitarlas.
Atravesarlas.
Por eso hoy nace un nuevo proyecto que me ilusiona profundamente: Los Portales del Tarot.
Durante los próximos meses compartiré una serie de artículos en
los que cada Arcano dialogará con la psicología, la Astrología, los Arcanos
Menores, la meditación y la experiencia cotidiana.
Y, si este camino despierta vuestro interés, dará paso a
encuentros, clases y una formación donde aprenderemos a vivir el Tarot desde
una perspectiva profundamente humana y transformadora.
No será un curso para memorizar significados.
Será una invitación a cruzar cada Portal con conciencia.
Porque quizá el Tarot nunca pretendió decirnos quién seríamos en
el futuro.
Quizá siempre quiso recordarnos quién podemos llegar a ser si nos
atrevemos a atravesar el siguiente umbral.
¿Te
animas a cruzarlo conmigo?
Cristina
Marley 2026


